El aumento de la esperanza de vida tiene su claro reflejo en la salud de la sociedad. Si bien nos hemos convertido en uno de los países con mayor longevidad, no hemos dejado de caminar hacia un incremento importante de personas de edad avanzada con dolor crónico. Los inevitables cambios musculo-esqueléticos asociados al paso del tiempo pasan factura a una población que cada vez vive más y que, equivocadamente, asume que es normal enfrentarse a su día a día solo con dolor y pastillas. 

Caer en la excesiva medicación para plantar cara a las dolencias no hace más que complicar el panorama, ya que incluso puede derivar en una ineficacia terapéutica o preventiva. En cualquier caso, es importantísimo seguir las pautas de los profesionales y tener en cuenta que la medicación se convierte -en algunos casos- en una opción complementaria a otras técnicas muy efectivas contra el dolor crónico, como la fisioterapia, las infiltraciones, la terapia psicológica, la actividad física etc.

El dolor crónico o de larga duración es más común según aumenta la edad. Entre otros motivos, por su asociación a una serie de patologías crónicas más habituales en este sector, como son la artrosis, las enfermedades cardiovasculares o las neuropatías. Además del dolor crónico, los siguientes cuadros típicos de dolencias son los comúnmente más asociados al paso del tiempo:

  •       La lumbalgia.
  •       La cervicalgia.
  •       El dolor articular.
  •       La hernia discal.
  •       La osteoartrosis.
  •       La tendinitis y las tendinopatías.

 

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